1ro de Mayo: Día de lucha por la Anarquía.

Mayo de 1886: terribles huelgas y movilizaciones obreras amenazan con avanzar hacia la revolución social destruyendo el sistema de gobierno explotación. La represión contra los obreros y sus familias es brutal: palizas, torturas, encarcelamiento, asesinato…

 

En Chicago la policía reprime una movilización matando a varios huelguistas en el marco de la lucha por la reducción de jornada a 8 horas. Al día siguiente, tratan de reprimir un acto de protesta pacifico y una bomba es arrojada contra la policía matando a uno de los verdugos. La represión se agudiza: allanamientos y más torturas. Se detienen a los anarquistas más activos, varios de ellos importantes agitadores. Un juicio farsa, sin pruebas contra 8 compañeros, culmina con  pena de muerte para 5 de ellos y cadena perpetua para tres como escarmiento contra los que se rebelan. Uno de los compañeros, Luis Lingg, antes que ser asesinado por el Estado, prefiere suicidarse en la celda. En el juicio manifestó: “No, no es por un crimen que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se a dicho en todos los tonos, es por la Anarquía, y puesto que es por nuestros principios por lo que nos condenan, yo grito bien fuerte: ¡Soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!”

 

 

El juicio contra los ocho compañeros de Chicago que estableció la pena de muerte para cinco de ellos concluye con la declaración del fiscal: “La anarquía está bajo proceso. Estos hombres han sido seleccionados, elegidos por el gran jurado (…). Señores del jurado, ¡Declarad culpables a estos hombres, haced escarmiento con ellos, ahorcadles y salvareis a nuestras instituciones, a nuestra sociedad!”

La defensa de las instituciones por los que están en el Poder o aspiran a estarlo, no es otra cosa que la defensa del privilegio y la dominación con el claro objeto de suprimir, aplastar, someter… a toda lucha que osara plantear una emancipación real.

 

 La anarquía pretendió ser asesinada porque se levanta contra el Poder (principio básico e in-mutable del sometimiento) y porque el proyecto para su realización por el que lucharon los compañeros implica una revolución social para la emancipación total: un replanteo y cambio en las relaciones sociales con el objeto de suprimir la opresión del hombre por el hombre, y del hombre sobre todo lo que le rodea, para desarrollar una forma de convivencia solidaria, fraternal y no dominadora, donde cada uno pueda desarrollarse en plenitud en relación con los de-más, constituyendo la forma social libre y realmente comunitaria, donde seamos nosotros mismos quienes determinemos nuestra forma de vida, sin coacción, decidiendo qué y cómo obtener nuestro sustento y dar satisfacción a las necesidades individuales y colectivas(1).

Nuestro  análisis nunca pretendió reducir la complejidad de los procesos sociales y naturales con ninguna formula (puesto que hacerlo sería tratar de simplificar a ecuaciones la realidad en la que intervienen una diversidad de factores, hechos y consecuencias…todo a nuestra interpretación humana, siempre parcial, limitada, generando así la equivocada creencia de que la vida puede ser medida, encasillada, regulada… y de que nosotros siempre tenemos la razón, cayendo así en el dogma, en una nueva religión): por esto nuestra movilización es incompatible con todo afán de control y centralismo, reivindicando el factor insurrecional “espontáneo”, al tiempo que la construcción que siempre se basó en la necesaria toma de conciencia y acción contra la existencia misma de quien nos coacciona y determina nuestra condición de vida, contra el que gobierna y parasita nuestro hacer, siendo fundamental para la realización de la libertad el desarrollo de la conciencia y la voluntad de cada uno y de todos en la autodeterminación, en la libre asociación, en la cooperación responsable y voluntaria. La concreción de este proyecto implica, necesariamente:

 La destrucción del Estado como parásito y policía de la sociedad, siendo consecuencia y a la vez reproductor de las relaciones de autoridad, de mandato y obediencia (opresión), estando conformado por instituciones administradas y dirigidas por una minoría de personas (políticos, empresarios…) y defendidas por las fuerzas de seguridad contra la mayoría gobernada a la que se mantiene controlada mediante la educación en la obediencia y la disciplina, y el miedo a la represión.

La abolición de la propiedad privada de todo lo necesario para el bienestar colectivo en tanto generadora de privilegio y herramienta de los gobernantes para desposeer a los gobernados de los medios de subsistencia y someterlas al trabajo/explotación.

La negación de la religión por ser una falacia desarrollada para justificar, mediante la superioridad de “seres todopoderosos” el orden, sus representantes y la dominación de unos sobre otros en la tierra, funcionando como una herramienta represiva y de adoctrinamiento en los hábitos, en la conciencia, por ejemplo, mediante el miedo al castigo divino.

Y esta lucha contra la autoridad, necesariamente destructiva, es la expresión de una conducta fraternal y solidaria para con los oprimidos de todo el mundo, practica que históricamente se definió como internacionalismo, basada en el sentimiento de que mientras haya gobernados, aun-que sea uno solo, ninguno de nosotros puede ser libre;  por esto, siempre fue característica fundamental el rechazo a toda frontera, a toda guerra entre poblaciones, a todo patriotismo… afirmando que la lucha y la solidaridad revolucionarias, en cualquier parte del mundo, fue y será contra todos los Estados que, siempre e inevitablemente, son imperialistas en la medida de sus posibilidades.

Pero si hay algo que define el contenido del proyecto, la idea y la práctica de los compañeros, es la coherencia de los medios que se utilizan para con la finalidad por la que se lucha: si lo que se busca es la autodeterminación individual y colectiva, entonces la organización antes, durante y después de la revolución social no puede ser otra que la asociación voluntaria y horizontal contra toda jerarquía, contra toda autoridad, contra todo gobierno, rechazando toda forma de Poder (sea democrático o dictatorial), conscientes de que su naturaleza es generar la división entre poderosos y sometidos, opresores y oprimidos, con la claridad de que el Poder es la negación de la libertad: por más que quienes lo reproduzcan hablen de libertad como finalidad, mientras razonen y actúen desde la autoridad, siempre serán artífices de la opresión, de la explotación, de la esclavitud del cuerpo y la mente mediante la jerarquía en la organización, en la lucha y en la vida misma… pero que rechacemos toda opresión, toda jefatura y toda dictadura o democracia sea como finalidad o como medio, no quiere decir que renunciemos a la violencia revolucionaria, ya que sabemos, y ha quedado bien a las claras a lo largo de la historia, que quienes gobiernan (y por ende explotan) no abandonan su puesto voluntariamente, sino que por el contrario lo defienden a muerte, siendo necesaria la imposición de la fuerza revolucionaria de los oprimidos contra todos los gobiernos. Pero esta imposición no es un hecho autoritario y nada tiene que ver con una dictadura o con un “Poder popular”, puesto que por una cuestión ética, de valores sociales y revolucionarios, los anarquistas no le dictamos a nadie que es lo que deben hacer, ni coaccionamos con policías, leyes o cárceles (todas cosas que necesitamos destruir inmediatamente): y esto es porque queremos la libertad y la practicamos en forma coherente haciendo de la revolución social el hecho que rompe con los valores burgueses, policiales, de gobierno y de explotación, quedando dividido el campo entre quienes se defienden y por ende atacan el sistema de dominación, y quienes lo defienden, gestionan y apuntan a perpetuarlo; con

esto decimos que las muertes enemigas nunca serán en función a una lógica represiva y por ende policial e inquisitorial de nuestra parte, sino defensiva y en función a la resistencia que nos plantean los políticos, patrones, sindicalistas y policías contra el desarrollo y la imposición de la práctica de la libertad: comunitaria, fraternal, solidaria… que puede ser practicada también por todos aquellos que abandonen el privilegio y se pongan realmente del lado de la revolución contra la explotación y la práctica de la autoridad… con esto queremos afirmar que deseamos que la revolución genere la menor cantidad de muertes posibles, y que nuestra violencia revolucionaria no está ni inspirada ni fundamentada en el castigo, la venganza o el rencor… sino en la necesidad de librarnos de lo que nos oprime, de forma directa, con nuestras propias manos y a sabiendas de que desde el odio puro no podremos construir nada bueno.

En esta conmemoración, la del 1º de mayo, señalada por los gobernantes, explotadores y sus falsos críticos, como día del trabajo o del trabajador, cabe aclarar y remarcar que en su lucha por la anarquía, los compañeros de Chicago, incidiendo en el contexto en que se encontraban para radicalizar la lucha hacia la revolución, no murieron por las ocho horas, por la sindicalización, o por que el trabajo sea “liberado”: siempre estuvo claro que la relación comunitaria planteada desde la práctica anarquista y la naturaleza del trabajo en sí desde su origen (2) son incompatibles: “queremos destruir el dinero, los bienes, la ley de oferta y demanda, el sistema de producción consumo… pero dejar de trabajar no significa apatía o inactividad, no significa dejar de hacer cosas, dejar de construir, de crear… sea por placer o necesidad. Destruir el trabajo es liberarnos de la opresión cotidiana que nos lleva a producir bienes y servicios innecesarios, nocivos y generadores de privilegio, es ser activos y concientes simultáneamente, es retomar las riendas de nuestras vidas redescubriendo nuestras necesidades y deseos al librarnos del condicionamiento de la autoridad, para decidir individual y colectivamente que queremos hacer y como”(3). En definitiva, contra el trabajo el proyecto anarquista siempre opuso la actividad e interacción humana libre y creadora, y en general, el modo de convivencia comunista anárquico según el cual lo necesario para la vida es obtenido y socializado de forma colectiva atendiendo a la capacidad y necesidad de cada uno (4); habiendo, sin embargo otras propuestas “económicas”, por ejemplo, la colectivista, la individualista anárquica, pero la anarco comunista fue la mayormente aceptada y puesta en práctica en las experiencias de revolución social: enla Revolución Rusa desde 1917 hasta 1921 (puntualmente en Ucrania) y en España durante muchos años pero generalizada desde 1936, entre otras incontables experiencias menores a nivel mundial, todas brutalmente reprimidas por el Estado con sus izquierdas y derechas…

Con respecto al sindicato y a la lucha obrera, remarcamos que los compañeros llevaron adelante una participación en el movimiento obrero, para radicalizarlo y arrancarlo de lo meramente reivindicativo y reformista, para realizar la revolución social como movimiento de todos los oprimidos lo mas rápido posible, pero que se rechaza el papel de obrero o trabajador y la cultura del trabajo en tanto imposición del sistema, lo mismo que el sindicato, que por ser un medio de reclamo y mediación producto del desarrollo del sistema de explotación, nunca puede ser revolucionario: ente intermediario entre los explotados y los explotadores, niega la acción directa revolucionaria, y es por tanto, cuna de burócratas y herramienta de los explotado-res para distender la ruptura y la tensión revolucionaria de los oprimidos…

El 1º de mayo, entonces, se reafirma (¡lo reafirmamos!), como conmemoración de la lucha revolucionaria de los compañeros, contra todo reformismo en la lucha contra la explotación, contra toda opresión, consecuentemente, hacia la revolución social por la destrucción de toda autoridad, de todo gobierno.

Como remarcaron incluso los mismos verdugos de nuestros compañeros: se los asesinó por ser anarquistas, por luchar por la anarquía, por la potencialidad, por el desarrollo de dicha práctica que no reproduce el Poder, sino que lo combate y lo destruye desde lo mínimo, en la relación persona a persona. Por esto, aquellos compañeros, si estuvieran hoy presentes, se reafirmarían en contra del trabajo y del sindicato, y ¿cabe alguna duda? ¡Una vez más, por la Anarquía!

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(1) Un buen planteo para ejemplificar nuestra concepción y práctica de la libertad individual/social, es la realizada por Mijail Bakunin en “La Comunay la noción de Estado”: “(…)soy un amante fanático de la libertad, considerándola como el único medio en el seno de la cual pueden desarrollarse y crecer la inteligencia, la dignidad y la dicha de los hombres; no de esa libertad formal, otorgada, medida y reglamentada por el Estado, mentira eterna y que en realidad no representa nunca más que el privilegio de unos pocos fundado sobre la esclavitud de todo el mundo; no de esa libertad individualista, egoísta, mezquina y ficticia, pregonada por la escuela de J. J. Rousseau, así como todas las demás escuelas del liberalismo burgués, que consideran el llamado derecho de todos, representado por el Estado, como un límite del derecho de cada uno, lo cual lleva necesariamente y siempre a la reducción del derecho de cada uno a cero. No, yo entiendo que la única libertad verdaderamente digna de este nombre, es la que consiste en el pleno desenvolvimiento de todas las facultades materiales, intelectuales y morales de cada individuo. Y es que la libertad, la auténtica, no reconoce otras restricciones que las propias de las leyes de nuestra propia naturaleza. Por lo que, hablando propiamente, la libertad no tiene restricciones puesto que esas leyes no son impuestas por un legislador, sino que nos son inmanentes, inherentes, y constituyen la base misma de todo nuestro ser, y no pueden ser vistas como una limitante, sino más bien debemos considerarlas como las condiciones reales y la razón efectiva de nuestra libertad. Yo me refiero a la libertad de cada uno que, lejos de agotarse frente a la libertad del otro, encuentra en ella su confirmación y su extensión hasta el infinito; la libertad ilimitada de cada uno por la libertad de todos, la libertad en la solidaridad, la libertad en la igualdad; la libertad triunfante sobre el principio de la fuerza bruta y del principio de autoridad que nunca ha sido otra cosa que la expresión ideal de esa fuerza; la libertad que, después de haber derribado a todos los ídolos celestes y terrenales, fundara y organizara un mundo nuevo: el de la humanidad solidaria, sobre la ruina de todas las Iglesias y de todos los Estados.”

(2) El trabajo es una institución más, un mecanismo más de sometimiento, ejemplo de esto es que, etimológicamente, la palabra trabajo deriva del latín “tripalium” que significa “tres palos”, refiriéndose a un instrumento de tortura donde los reos eran atados a este cepo de tres maderas cruzadas quedando inmovilizados mientras se los azotaba, instrumento y práctica que con el tiempo se fue vinculando a la idea de labor.

(3) Texto en base a un fragmento del libro: “Afilando nuestras vidas, reflexiones anárquicas” dela Federación Ibéricade Juventudes Libertarias.

(4) La máxima del comunismo (que no puede ser tal sino es sin Estado, es decir, anárquico), es: “cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades” contemplando además, el mantenimiento colectivo de quienes no pudieran hacer (inválidos, ancianos, niños, etc.).


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